Marco Paredes Castro | Gobernanza Social https://gobernanzasocial.com Medio especializado en sostenibilidad, gestión social y gobernanza Wed, 06 May 2026 15:42:03 +0000 es-PE hourly 1 https://wordpress.org/?v=6.9.4 https://gobernanzasocial.com/wp-content/uploads/2026/03/cropped-gs-icon-32x32.png Marco Paredes Castro | Gobernanza Social https://gobernanzasocial.com 32 32 “Los bionegocios buscan generar y garantizar un triple impacto para que las personas mejoren su calidad de vida” https://gobernanzasocial.com/los-bionegocios-buscan-generar-y-garantizar-un-triple-impacto-para-que-las-personas-mejoren-su-calidad-de-vida/ https://gobernanzasocial.com/los-bionegocios-buscan-generar-y-garantizar-un-triple-impacto-para-que-las-personas-mejoren-su-calidad-de-vida/#respond Wed, 06 May 2026 15:13:28 +0000 https://gobernanzasocial.com/?p=1068 Entrevistamos a Patricia Balbuena sobre el desafío de transversalizar la bioeconomía hacia los sectores productivos, una apuesta estratégica para blindar los territorios indígenas frente a las economías ilegales mediante el desarrollo sostenible.

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Ante el avance implacable del cambio climático, los bionegocios emergen como una apuesta estratégica para poner en valor los conocimientos ancestrales y las capacidades territoriales. Estos modelos buscan consolidar economías sostenibles que aseguren la subsistencia de las poblaciones —principalmente indígenas—, ofreciendo alternativas reales frente al avance de economías ilegales como la tala y la minería.

Actualmente, diversas entidades nacionales e internacionales impulsan estas iniciativas mediante fondos y cooperación técnica. El objetivo es claro: empoderar a las comunidades para que sus productos ingresen con éxito al mercado. No obstante, la articulación estatal permanece como una tarea pendiente, especialmente en el desafío de transversalizar este enfoque hacia los sectores económicos y productivos, más allá del ámbito estrictamente ambiental. Este paso es crucial para garantizar un apoyo estatal formal a iniciativas que incorporen más de un enfoque, promoviendo así su sostenibilidad.

Para profundizar en este modelo de resistencia y resiliencia frente al cambio climático, conversamos con Patricia Balbuena Palacios, exministra de Cultura, quien posee una amplia trayectoria de trabajo junto a poblaciones amazónicas. Balbuena ha sido pieza clave en la formación, implementación y fortalecimiento de diversos bionegocios que hoy son ejemplos de que el aprovechamiento sostenible de nuestra Amazonía es posible y necesario para el desarrollo de estas poblaciones.

Hoy se habla de bionegocios y bioeconomía. ¿En qué se diferencian y cuáles serían sus principales retos?

Podemos definir el término bionegocio como una categoría dentro de lo que llamamos bioeconomía. Este último concepto es un paraguas muy amplio y, dentro de ese parámetro, un espacio específico es el bionegocio. La bioeconomía puede incluir más ámbitos, como la economía circular, entre otros. Además, está guiada por la Hoja de Ruta de Finanzas Verdes y la Estrategia Nacional de Diversidad Biológica del Ministerio del Ambiente, que son los instrumentos de política para lo que llamamos bioeconomía y bionegocio. Allí están establecidos el marco conceptual y las definiciones.

Entonces, para entenderlo fácil: la bioeconomía es la caja grande y los bionegocios son las cajas pequeñas que están dentro. Por eso, los bionegocios tienen que ver con el aprovechamiento que las poblaciones hacen de los recursos que les brindan los ecosistemas donde habitan. Por ejemplo, el turismo de paisaje o vivencial: ¿cómo aprovechar el ecosistema para obtener beneficios económicos manteniendo los bosques en pie? O el uso de fibras de palmeras para crear productos que generen ingresos.

Los bionegocios parten de tres elementos esenciales para ser considerados como tales:

  • Un recurso natural para ser aprovechado.
  • Los conocimientos tradicionales de la población para dicho aprovechamiento.
  • El valor agregado mediante tecnología que, junto al recurso y al saber ancestral, crea un producto insertado en una cadena de valor.

¿Cómo entendemos estos conceptos en un contexto de cambio climático y protección de la Amazonía?

Ahora se utiliza el concepto de bionegocio, pero antes se hablaba de econegocios. Estamos pasando de una lógica de conservación pura donde se establecía un área protegida y reglas rígidas para "proteger" los recursos, a una agenda ambiental mucho más amplia, donde las personas están al centro.

Nos preguntamos: ¿por qué busco conservar? Porque buscamos recursos que garanticen el futuro de la humanidad. Antes, la estrategia era el aislamiento; ahora el giro es asegurar que los recursos generen ingresos y mejoren la calidad de vida de las poblaciones, evitando que opten por economías ilegales o abandonen sus zonas.

Los bionegocios buscan generar y garantizar un triple impacto —social, económico y ambiental— para que las personas mejoren su calidad de vida, logrando adaptarse o enfrentar los efectos del cambio climático y conservar sus medios de vida. Por ejemplo, contribuir a que no se talen las palmeras en los humedales; cuando estos se secan, emiten dióxido de carbono, sumándose al calentamiento global. 

¿Por qué han tomado impulso en los últimos años y por qué el Perú debería prestarle atención?

El impulso viene principalmente de la cooperación internacional y de la agenda pública del Ministerio del Ambiente, que está definiendo políticas e instrumentos financieros. Por ejemplo, COFIDE otorga préstamos a las cajas municipales y estas, a su vez, a asociaciones de bionegocios con tasas preferenciales. También el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) promueve incubadoras que acompañan estas iniciativas. El desafío actual es lograr que esto trascienda el ámbito ambiental y llegue a los sectores productivos como Agricultura y Producción.

¿Qué experiencias exitosas existen en el Perú?

Hay varias iniciativas interesantes. El tema de la castaña en Madre de Dios se está consolidando con cooperativas que tienen más de 20 años exportando. También se está recuperando el cacao nativo o "chuncho", que tiene un nicho de mercado por su sabor único.

Otro ejemplo es el camu camu en Ucayali o el caso de la empresa AJE, que compra frutos como el aguaje para elaborar bebidas. Sin embargo, el modelo latinoamericano más exitoso es la empresa brasileña Natura, que une conservación y mercado, y que ahora busca garantizar producción en Perú. Brasil es el país que más ha impulsado el bionegocio como un modelo industrial.

¿Cómo incorporar a los pueblos indígenas en este nuevo enfoque?

En realidad, ya están incorporados porque casi todos estos productos están en sus territorios; los pueblos amazónicos son titulares de aproximadamente 20 millones de hectáreas. El reto es hacerlos partícipes activos y no solo beneficiarios o proveedores de materia prima para un tercero.

La Amazonía no es una despensa que no se agota. Buscamos que el recurso sea renovable. Un ejemplo: si quieres frutos de palmera, no debes talarla. Se debe implementar un modelo de aprovechamiento moderado que permita que la especie se siga reproduciendo y alimentando a la fauna local. Debemos garantizar la sobrevivencia de las especies y de todo su entorno.

¿Cómo poner en valor los saberes ancestrales en este contexto?

Uno de los pilares de los bionegocios es la valorización de los conocimientos indígenas, que muchas veces son subestimados. Ellos conocen ancestralmente el uso de las plantas y sus beneficios. El problema es cuando las empresas recogen ese saber pero no retribuyen beneficios. Debe haber una justicia económica alrededor de esta sabiduría para evitar la apropiación indebida sin un retorno justo para las comunidades.

¿Cuáles son los retos de los pueblos indígenas para lograr un alto beneficio?

El reto es grande. Al ser asociaciones pequeñas, con poca tecnología, altos costos de flete y falta de conocimiento del mercado, el riesgo de fracaso es más alto que en cualquier emprendimiento común. Se debe trabajar para reducir esas brechas y garantizar condiciones de mercado justas.

¿Cuáles serían las líneas maestras para el aprovechamiento de los recursos con enfoque de sostenibilidad?

Como país, aún no las tenemos plenamente definidas, pero se está trabajando en una estrategia nacional. Estamos iniciando; nos falta dar el salto para que a las autoridades regionales les importe realmente el tema. Necesitamos identificar las condiciones necesarias para convertir esto en una línea de producción nacional, tal como lo hizo Brasil.

¿Cómo se integran los bionegocios a los compromisos ambientales del Perú ante el cambio climático?

Son una estrategia para sumar esfuerzos en la conservación de bosques y biodiversidad. Buscan que la población mantenga una relación armoniosa con su entorno y no se vea acorralada por una economía monetaria que la obligue a depredar para poder subsistir.

¿Cómo se involucra la academia en estos temas?

Todavía no se ha involucrado profundamente. Necesitamos mucha investigación y desarrollo tecnológico; hay mucho camino por trabajar ahí.

¿Qué instituciones tienen mayor involucramiento y brindan fondos o asistencia técnica?

Hay muchas organizaciones y cooperantes, como el Fondo Verde para el Clima, que financia Bioinversión Amazónica, o la Declaración Conjunta de Intención (DCI) de varios países que apoyan a gobiernos regionales. Organizaciones como WWF o WCS también están muy involucradas. Sin embargo, la mayoría de los actores siguen muy ligados solo a la parte ambiental; falta incorporar a quienes financian lo social y lo económico, y lograr una intervención estatal transversal en todos los sectores productivos.

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Tras su paso por el Ministerio de Cultura y su valioso trabajo junto a pueblos indígenas, hoy vemos a Patricia Balbuena consolidarse como una líder que impulsa proyectos orientados a la conservación de la Amazonía a través de los bionegocios. Su trayectoria y compromiso la convierten en una voz autorizada para comprender esta tendencia que demanda articular desarrollo, sostenibilidad y justicia para las comunidades. En su visión se confirma que es posible construir un futuro donde el crecimiento económico no esté reñido con el respeto por la vida, la cultura y los territorios.

Patricia Balbuena Palacios

Magíster en Políticas Sociales y abogada con más de 25 años de experiencia en inclusión social y derechos indígenas. Exministra de Cultura y exviceministra de Interculturalidad.

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El Colibrí del Liderazgo Sostenible: reconociendo iniciativas que están transformando territorios en Latinoamérica https://gobernanzasocial.com/el-colibri-del-liderazgo-sostenible-reconociendo-iniciativas-que-estan-transformando-territorios-en-latinoamerica/ https://gobernanzasocial.com/el-colibri-del-liderazgo-sostenible-reconociendo-iniciativas-que-estan-transformando-territorios-en-latinoamerica/#respond Wed, 25 Feb 2026 16:00:00 +0000 https://gobernanzasocial.com/?p=631 Con la entrega del Colibrí del Liderazgo Sostenible, Solidaritas Perú visibiliza proyectos de cinco países latinoamericanos que buscan solucionar problemas sociales y ambientales locales.

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El pasado 25 de noviembre, la ciudad de Lima (Perú) se convirtió en la sede del Reconocimiento al Liderazgo Sostenible 2025 organizado por Solidaritas Perú, que tuvo como objetivo valorar el esfuerzo de diferentes iniciativas que se vienen desarrollando en diferentes países de  Latinoamérica y que están transformando territorios, promoviendo la  sostenibilidad. De esta manera, se busca visibilizar estas iniciativas, de manera que sirvan como referencia e inspiración a las nuevas generaciones o puedan ser replicadas en otros contextos.

Este año, por primera vez durante el evento, se entregó el Colibrí del Liderazgo Sostenible a organizaciones que trabajan por la sostenibilidad del planeta y están impactando positivamente en sus territorios, como es el caso de Ecovida de Colombia, ONG OCAS de Brasil, Yax Transforma de Guatemala, Jekuaá Bosque Escuela de Bolivia y Nutri H de Perú, quienes se hicieron de este reconocimiento por implementar proyectos que promueven la solución a problemas sociales o ambientales que pueden ser escalables a otras realidades.

La entrega del Colibrí del Liderazgo Sostenible, como figura símbolo de este evento, es arte tallado en madera reciclada que tiene una representatividad especial, pues esta ave emblemática tiene un valor místico en todas las culturas de Latinoamérica, asociado principalmente a la preservación del mundo natural. El símbolo descansa en un triángulo que representa la importancia de la evaluación del triple impacto (social, ambiental, económico) que debemos tener sobre nuestras acciones.

El primer reconocimiento recayó en la organización colombiana Ecovida, quienes bajo el liderazgo de su director, Joaquín Navia, vienen implementando diversos proyectos que articulan la restauración de bosques, agricultura regenerativa y nutrición infantil en el Valle del Cauca (Colombia).

El proyecto bandera denominado “Agua para Todos” es un modelo que busca llegar a 16 municipios del Valle del Cauca como una propuesta ambiental para mejorar la regulación hídrica, conservar la biodiversidad, descarbonizar la atmósfera y, a la vez, en la parte social, trabajar en la seguridad alimentaria, la estabilidad económica y la recuperación del tejido social.

Además, el trabajo de Ecovida busca acercarse a las comunidades campesinas con las que trabajan para conocer la situación en las que viven y construir con ellos soluciones a diferentes problemáticas que las afectan.

También se entregó el reconocimiento a Yax Transforma de Guatemala, cuyo representante, Antonio Camposeco, lideró una respuesta urgente ante la contaminación provocada por residuos plásticos encontrados no solo en los ríos, sino también en bosques y otros espacios de la localidad de Jacaltenango, iniciando así la transformación de estos desechos en productos útiles y generando oportunidades de empleo para las familias de bajos recursos, de manera que se logra un impacto ambiental, social y económico.

Camposeco indicó, al exponer su propuesta, que con la transformación de los residuos recolectados se pudo elaborar madera plástica, un sustituto de la madera natural elaborado a partir de los desechos que recolectan para dar paso a la creación de mesas, sillas, bancas, escritorios y pupitres para centros educativos, postes para cercos de terrenos y granjas, entre otros. Además, brindan oportunidades laborales para personas vulnerables.

Del mismo modo, también se reconoció al proyecto boliviano Jekuaá Bosque Escuela, que nació del deseo de reconectar a los niños y jóvenes con la naturaleza mediante un nuevo modelo educativo ambiental de manera práctica y lúdica. Este proyecto busca fomentar la creatividad de niños y jóvenes, integrando la currícula nacional para servir también como apoyo a las unidades educativas en el departamento de Santa Cruz de la Sierra.

Jekuaá tiene como objetivo promover la sostenibilidad a través de la educación práctica, enseñando con el bosque, no sobre el bosque. De esta manera, los niños, jóvenes y adultos aprenden directamente en el entorno natural: sembrando, cuidando, observando y comprendiendo el papel esencial de las plantas y los animales en nuestra subsistencia. Esta experiencia genera una relación afectiva y de respeto con la tierra, transformando la mentalidad extractivista en una de cuidado.

Su representante, Carolina Descarpontriez, detalló también que se impulsa la restauración ecológica comunitaria, creando programas de restitución de árboles junto a comunidades y escuelas. A través de estas acciones, se fortalecen los vínculos con la naturaleza y se promueve la autenticidad de nuestro ecosistema.

La ONG OCAS (Organización Comunitaria para la Adhesión Social) que opera en Belém do Pará (Brasil), en el corazón de la Amazonía, también recibió el reconocimiento por su contribución a  la distribución de canastas básicas de alimentos y filtros de agua potable, garantizando la salud y la dignidad de familias en situación de vulnerabilidad; la formación empresarial enfocada en la economía local; la producción de bioproductos orgánicos de la Amazonía, como miel y jabones a partir de sistemas agroforestales; además del desarrollo de startups de movilidad urbana con impacto en el turismo comunitario, integrando tecnología e inclusión. OCAS también trabaja activamente en la educación ambiental, la cultura y la música como herramientas para la transformación social.

Su director, Renato Rosas, menciona que como resultado, la organización ya ha beneficiado directamente a 1.200 familias  e  indirectamente a 50.000, fortaleciendo cadenas productivas sostenibles en territorios mediante la distribución de más de 80.000 toneladas de agua potable filtrada, generando más de 150.000 reales brasileños en ingresos para las comunidades quilombolas y contribuyendo a la preservación de 270.000 hectáreas de territorio forestal indígena en pie.

Y el Perú no podía estar ausente en este importante acontecimiento, donde destacó con el proyecto Nutri H, el cual obtuvo este reconocimiento por su lucha frontal contra la anemia en poblaciones vulnerables. Esta galleta nutritiva es el resultado de la visión del ingeniero ayacuchano Julio Garay, quien transformó su propia experiencia personal con la enfermedad durante su infancia en una solución para mitigar el retraso en el crecimiento y aprendizaje que afecta a miles de niños en las zonas más alejadas del país.

La efectividad de esta alternativa ha sido validada mediante el incremento de los niveles de hemoglobina en muestras infantiles, logrando un impacto que hoy trasciende nuestras fronteras. Actualmente, Nutri H no solo se comercializa en el Perú, sino que ha logrado posicionarse en mercados como República Dominicana y Panamá, con una expansión proyectada hacia Bolivia que reafirma el potencial de este emprendimiento social.

Al recibir el galardón, Garay señaló la necesidad de que las autoridades respalden emprendimientos que prioricen la salud pública de manera saludable. En ese sentido, la marca continuará innovando con nuevas opciones que aprovechan la riqueza de nuestra sierra (como la quinua, la kiwicha y el cacao), para alcanzar el bienestar común en los sectores más necesitados.

De esta manera, Solidaritas Perú, organizador de este evento internacional, busca que el Colibrí del Liderazgo Sostenible se constituya como un componente esencial para visibilizar y fortalecer proyectos y organizaciones que se están desarrollando acciones en territorios vulnerables que, a su vez, tengan como objetivo solucionar problemas ambientales o sociales que enfrentan sus poblaciones y estas propuestas tengan la posibilidad de ser escalables.

Este reconocimiento no hubiera sido posible sin el invalorable apoyo de instituciones como la Universidad Continental y Cementos Pacasmayo, auspiciadores del evento, quienes demostraron su compromiso con la sostenibilidad, el desarrollo territorial y la necesidad de fortalecer alianzas como un pilar fundamental para alcanzar objetivos en común.

“Buscamos promover nuevos liderazgos y proyectos que ayuden a oxigenar el tejido social mediante acciones que inspiren, articulen y transformen territorios, fomentando confianza, cooperación e innovación social como motores de soluciones sostenibles en lugares vulnerables, promoviendo de esta manera una sostenibilidad desde los ojos de la gente, es decir, desde los territorios”, puntualizó Eddy Ormeño Caycho, director de Solidaritas Perú. 

Este reconocimiento nos recuerda que toda iniciativa que promueve el desarrollo en los territorios y logra pactos, incluso con gestos pequeños, puede transformar una sociedad o comunidad cuando se hace con convicción y sentido colectivo. Hoy más que nunca se necesita de liderazgos que llamen a la acción, comunidades que actúen y decisiones que miren más allá del corto plazo. Solo así se podrá encender la esperanza, movilizar a otros y construir un futuro donde el desarrollo y la sostenibilidad caminen de la mano.

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