Durante décadas, las cámaras de comercio han sido percibidas como gremios centrados en la defensa de intereses empresariales; sin embargo, hoy, esa visión resulta claramente insuficiente frente a territorios que demandan desarrollo sostenible, cohesión social y una institucionalidad capaz de articular diversos actores.
Ante esta nueva realidad, muchas cámaras, especialmente en regiones alejadas de las capitales, están redefiniendo su rol como protagonistas del desarrollo territorial porque se han dado cuenta que no hay empresas sostenibles en territorios insostenibles, y no hay desarrollo económico sin desarrollo territorial.
Un caso emblemático es la Cámara de Comercio de Cali (Colombia), que ha evolucionado hacia un verdadero articulador del ecosistema regional a través del impulso de clústeres, la promoción de la innovación y la conexión entre empresa, Estado, comunidades y academia, demostrando que la competitividad, desarrollo e inclusión vienen de la mano.
En territorios con economías extractivas el desafío es aún más complejo. En Chile, por ejemplo, espacios como la Cámara Minera de Chile vienen promoviendo una gobernanza que busca equilibrar inversión, sostenibilidad y legitimidad social, incorporando a proveedores locales, participación ciudadana y el diálogo temprano en ejes esenciales para la viabilidad de los proyectos y la estabilidad territorial.
En el Perú, este proceso también empieza a consolidarse con experiencias valiosas como la surgida con la Cámara de Comercio de Espinar que representa un ejemplo significativo en un territorio marcado por la actividad minera y sus tensiones.
Este gremio constituido recientemente en una provincia cusqueña a casi 4,000 msnm está intentando ser una gente articulador y promotor del desarrollo territorial, involucrándose en promover una visión de desarrollo desde los esfuerzos de los actores locales, siendo un claro ejemplo de esto el III Foro Turismo Espinar 2026, desarrollado el pasado 26 de marzo, donde el tema articulador fue “Turismo desde el territorio y la articulación institucional”.
Este espacio y ejercicio de diálogo no solo permitió el involucramiento de diversos actores locales, sino que trazó una línea de desarrollo alejada del enfoque minero predominante en esta provincia y que reta a los empresarios y comunidades a verse en un futuro luego de que esta actividad extractiva predominante termine.
De esta manera, las cámaras de comercio dejan de ser únicamente voceros del sector privado para convertirse en plataformas de gobernanza territorial, facilitar acuerdos, promotoras de la reducción de brechas sociales y construcción de agendas compartidas. El empresario local, en este marco, deja de ser solo un generador de ingresos para asumirse como un actor comprometido con el bienestar de su entorno.
Bajo las actuales circunstancias, estas instituciones tienen hoy la oportunidad y la responsabilidad (sin reemplazar al Estado) de liderar una nueva narrativa, una donde el desarrollo económico y el bienestar colectivo no compiten, sino se construyen juntos desde el territorio.
