19 de mayo de 2026

Amazonía en disputa: desarrollo sostenible y pueblos indígenas

La gestión de la sostenibilidad amazónica trasciende la agenda climática: requiere una presencia estatal efectiva que articule bionegocios, justicia y el reconocimiento de los pueblos indígenas como aliados estratégicos.

La infraestructura fluvial constituye el principal eje de conectividad en regiones como Loreto y Ucayali, donde la intermitencia estatal facilita la captura territorial por actores extralegales. (Foto: Solidaritas Perú)

Javier Aroca Medina

Abogado UNMSM y máster en Gestión e Innovación Pedagógica (EUCIM). Especialista en conflictos sociales. Exsubsecretario PCM, experto en pueblos indígenas y Amazonía.

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La Amazonía no puede entenderse únicamente como un reservorio de biodiversidad o un activo climático global; es también un territorio social e históricamente habitado. Es, ante todo, un espacio habitado, organizado y ocupado históricamente por pueblos indígenas que han desarrollado formas propias de manejo sostenible del bosque y conservación de los ecosistemas amazónicos, tal como lo refiere la FAO en “El estado de los bosques del mundo 2018: Las vías forestales hacia el desarrollo sostenible” (2018).

Sin embargo, este territorio se ha convertido también en escenario de tensiones crecientes entre modelos de desarrollo, intereses económicos y demandas de reconocimiento y derechos, especialmente en contextos de expansión de actividades extractivas en América Latina. Esto es explicado y desarrollado por Anthony Bebbington y Jeffrey Bury en su libro “Subterranean struggles: New dynamics of mining, oil, and gas in Latin America” (2018).

Hablar de “Amazonía en disputa” no implica asumir un conflicto inevitable, sino reconocer la coexistencia de visiones distintas sobre el uso del territorio. Por un lado, persisten enfoques extractivos tradicionales; por otro, emergen propuestas de bioeconomía y bionegocios que buscan articular conservación, mercado y bienestar comunitario, según lo expuesto por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) en “La bioeconomía como oportunidad para el desarrollo sostenible de América Latina y el Caribe” (2020). En medio de estas dinámicas, los pueblos indígenas reclaman participación efectiva, seguridad jurídica sobre sus territorios y respeto a su identidad cultural.

A esta complejidad se suma la expansión de economías ilegales que erosionan la gobernanza territorial. La minería ilegal, la tala ilegal, el narcotráfico y el sicariato se han convertido en amenazas estructurales en regiones como Loreto, Amazonas y Madre de Dios. Estas actividades no solo degradan ecosistemas y contaminan ríos, sino que generan violencia, capturan economías locales, debilitan autoridades y fracturan el tejido social comunitario. Allí donde el Estado llega de manera intermitente o fragmentada, estos actores ocupan espacios de poder.

Desde la experiencia en gestión de conflictos sociales en la Amazonía, se observa que muchas controversias no surgen exclusivamente por la oposición al desarrollo formal, sino por la ausencia de información clara, la débil presencia estatal y la falta de mecanismos interculturales de diálogo. Cuando las decisiones se perciben como impuestas o desarticuladas del territorio, se activan dinámicas de desconfianza que pueden escalar rápidamente. En contextos donde operan economías ilícitas, el riesgo de escalamiento es aún mayor.

El cambio climático añade una dimensión estructural a este escenario. Las comunidades amazónicas enfrentan alteraciones en los ciclos productivos, inseguridad alimentaria y eventos climáticos extremos. Paradójicamente, quienes menos contribuyen a la crisis climática global suelen ser los más vulnerables a sus impactos. Esta vulnerabilidad puede ser instrumentalizada por actores ilegales que ofrecen ingresos inmediatos en ausencia de alternativas sostenibles.

En este contexto, los bionegocios —cacao, café, productos forestales no maderables, ecoturismo, manejo forestal comunitario— representan oportunidades reales para generar ingresos compatibles con la conservación y la legalidad. No obstante, su sostenibilidad depende de condiciones estructurales: titulación segura, asistencia técnica permanente, financiamiento, acceso a mercados y mecanismos de trazabilidad que diferencien producción sostenible de cadenas ilegales.

Elinor Ostrom explica, en su libro “Governing the commons: The evolution of institutions for collective action” (1990) que la clave no reside únicamente en promover actividades económicas “verdes”, sino en fortalecer la institucionalidad territorial y los arreglos de gobernanza que permiten gestionar colectivamente los recursos naturales. Ello implica articular seguridad, justicia, desarrollo productivo y acción climática bajo una visión integral. La sostenibilidad requiere presencia estatal efectiva, coordinación intersectorial y reconocimiento de las organizaciones indígenas como actores centrales de gobernanza.

La experiencia demuestra que los espacios de diálogo intercultural, cuando cuentan con reglas claras y compromisos verificables, pueden transformar escenarios de confrontación en cooperación. El diálogo, integrado a la política pública regular, contribuye a prevenir la captura territorial por economías ilegales y a construir confianza duradera.

La Amazonía no necesita respuestas aisladas frente a cada crisis, sino una estrategia integral que vincule desarrollo sostenible, lucha contra la ilegalidad, resiliencia climática y fortalecimiento de capacidades locales. Los pueblos indígenas no son un obstáculo para el desarrollo; son aliados estratégicos en la defensa del bosque, la legalidad y la estabilidad social.

En última instancia, la verdadera disputa no es entre conservación y desarrollo, sino entre gobernanza y captura ilegal del territorio. Apostar por una Amazonía sostenible implica reconocer que la seguridad jurídica, la interculturalidad y la presencia estatal efectiva son condiciones estructurales para enfrentar el cambio climático y las economías ilícitas.

La Amazonía en disputa puede convertirse, si se gestiona con responsabilidad y coherencia institucional, en una Amazonía compartida y resiliente.

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