La Amazonía peruana ha dejado de ser vista únicamente como una reserva de biósfera para convertirse en el epicentro de una revolución económica: la de los bionegocios. Este modelo no solo busca rentabilidad, sino generar un triple impacto que armonice el crecimiento financiero con la regeneración ambiental y la inclusión social. En el centro de esta transformación se encuentra el proyecto Bioinversión Amazonía (EBBF) de Profonanpe, una iniciativa que busca generar impacto sostenible a largo plazo.
El Perú se encuentra en un punto estratégico para las “economías verdes”. Según datos del Ministerio del Ambiente (Minam), en el país operan exitosamente más de 1,300 bionegocios y econegocios, de los cuales el 75% son micro y pequeñas empresas. En la última década, las exportaciones de productos vinculados al biocomercio —como el cacao nativo, castañas y frutos amazónicos— han crecido a tasas anuales significativas, superando los US $400 millones anuales solo hacia mercados como Estados Unidos.
Este fenómeno responde a que la inversión de impacto global ha crecido exponencialmente; los inversionistas internacionales buscan hoy activos que garanticen transparencia y métricas ambientales claras. Perú, al ser uno de los 17 países megadiversos que albergan el 70% de la biodiversidad del planeta, posee una ventaja competitiva inigualable.
Para Kurt Rothschild, gerente del proyecto EBBF, uno de los mayores desafíos para impulsar estos bionegocios es la rigurosidad necesaria para que sean considerados agentes de cambio real contra el cambio climático. "Encontrar la combinación de una empresa rentable que a la vez mitiga y tiene un derecho formal sobre el bosque es retador, pero es el único camino hacia la sostenibilidad", afirma Rothschild en entrevista exclusiva. El proyecto busca impactar en regiones clave como Loreto, San Martín, Ucayali y Madre de Dios, donde la presión sobre los recursos es alta, pero las oportunidades de crear modelos sostenibles son inmensas.
Un punto revelador es la identificación de carencias en el emprendedor local. Muchos negocios amazónicos nacen del esfuerzo individual, pero fallan al escalar por falta de estructura. “Muchas veces las iniciativas empresariales amazónicas requieren capacidades de gestión, de conocer el mercado y articulación”, comenta Rothschild. Por ello, el EBBF no solo entrega financiamiento, sino que ofrece un programa integral de incubación y aceleración para profesionalizar la gestión contable, financiera y la gobernanza interna.
El éxito del proyecto depende de una colaboración institucional robusta. Profonanpe trabaja con aliados estratégicos y cuenta con el respaldo del Fondo Verde para el Clima (GCF) y la Cooperación Alemana (GIZ), quienes ven en el Perú un laboratorio ideal para validar modelos replicables en otros ecosistemas tropicales, además del apoyo del Minam.
El camino trazado es claro: para que la Amazonía sobreviva, sus negocios deben prosperar. “Buscamos generar casos de éxito que permitan que estos modelos sean después atractivos para la banca privada”, concluye Rothschild. Con una visión de triple impacto, la Amazonía peruana está lista para ser el motor económico verde del siglo XXI.
Bioinversión Amazonica lanzó su convocatoria el pasado 18 de febrero, y recibió postulaciones hasta el 7 de abril, esperando brindar asesoría empresarial a por lo menos 20 bionegocios a través de aceleración e incubación de capacidades en gestión empresarial; además de invertir un total de USD 600,000 (seiscientos mil dólares americanos) de capital semilla parcialmente reembolsable. Por tanto, habrá que hacer seguimiento a los próximos pasos que se darán en el marco de este proyecto para poner en valor sus logros.
